“La impunidad solo es necesaria para poderes autoritarios que someten a las sociedades”, Dagoberto Gutiérrez

8808f8f3-9650-4e5b-a0d4-9866d8532dc9En una entrevista exclusiva con VOCES Diario digital, Dagoberto Gutiérrez, ex comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, y uno de los firmantes de los Acuerdos de Paz, habló sobre la relación entre la guerrilla y los periodistas durante el conflicto armado en nuestro país, así como también de qué manera se debe de romper la impunidad en El Salvador.

 Vladimir Zaldaña

 ¿Con qué movimientos o grupos sociales internacionales tenía relación el FMLN?

El FMLN fue una alianza política; es decir, un acuerdo político con segmentos políticos. Organizaciones y ejércitos con diferente ideología nos pusimos de acuerdo en una serie de puntos políticos que determinó la naturaleza de la alianza. Es correcto afirmar que fue un acuerdo político de comunistas, anticomunistas  y no comunistas. Se trató de una guerrilla preponderantemente de derecha que luchó para eliminar la dictadura de derecha que se estableció en nuestro país a partir de 1932.

Fue una guerrilla de la pequeña burguesía porque me refiero a los campesinos; y un campesino es “propietario de la tierra”. Ideológicamente diferenciada pero políticamente concertada.

Esto determinó diferentes conductas, relaciones y vínculos. Diferentes relaciones con la prensa, por ejemplo. Los partidos tienen una cabeza política y una ideología. Un periodista es un intelectual. Una persona capaz de escribir una historia de un hecho aparentemente simple. En todo el mundo nosotros teníamos simpatía porque éramos David contra Goliat. Y en el mundo causaba perplejidad de que el imperio más grande: los Estados Unidos estaba metido en una guerra en un país de 20 mil kilómetros cuadrados. Entonces en el mundo eso despertaba simpatía.

¿Qué medios internacionales recuerda que venían al país?

No recuerdo muy bien los nombres. La prensa mexicana por dos razones principales: la cercanía y el idioma. Y México porque fue, en cierta medida, un apoyo para nuestra lucha. Ellos tenían más acceso y podían hacer crónicas, visitar el frente, hablar con los vecinos, con los guerrilleros con libertad.

La prensa europea se interesó. Hubo periodistas alemanes. En Alemania había un movimiento que se llamaba “Armas para El Salvador” cuyo nombre era idea del respaldo y del apoyo que teníamos. Periodistas españoles, franceses, holandeses. De variadas nacionalidades.

¿Usted conoció o escuchó sobre los cuatro periodistas holandeses?

Yo no los conocí pero escuché y leí en los diarios, hablando con los jefes sobre ese caso. Conocí y hablé con unos franceses y unos mexicanos. Tenían que llegar a Guazapa para que yo pudiera platicar con ellos y a lo mejor Guazapa no era el frente más fácil para reunirse.

¿Qué escuchó de los periodistas holandeses?

Lo que escuché es que se trató de una emboscada que causó altos costos políticos. Los periodistas eran valientes, audaces porque entraban en el escenario de combate, en el campo. El ejército tuvo mal corazón con la prensa porque la prensa tenía ojos y oídos que luego repercutían a nivel internacional y la política original del gobierno era contrainsurgente y esto implicaba sacar del agua al pez.

¿Por qué dice que conllevó a fuertes costos políticos?

Eso repercutió a nivel internacional, así como repercuten otros casos y en definitiva están sujetos a los vaivenes del Derecho Internacional Humanitario, lo que hace muy difícil es considerar que sean casos cerrados. Eso resulta hoy muy improbable. ¿Y cuántos años hace de eso? Casi 35 años. Pero en estos momentos, en el continente, de nuevo hay una oleada de ataques a los periodistas.

En unos países más que en otros. Y este acontecimiento que hablamos ocurrió en un escenario de guerra civil y hoy, los asesinatos de periodistas, también ocurren en escenarios de guerras.

Si ya no cabe la posibilidad de que los casos sean ocultos, ¿por qué entonces existe aún la impunidad en el presente?

Antes jugaba la figura de la prescripción que es el cese de la acción penal después de determinado tiempo. Hoy estas figuras son imprescriptibles. Y por ejemplo, cuando son delitos de Lesa Humanidad (como el caso de los cuatro periodistas holandeses) donde el ofendido es la humanidad entera, se convierte en una figura pesada.

Y uno se pregunta, ¿qué tiene que ver esta figura jurídica? ¿Agota la impunidad? Y uno dice “No. No agota la impunidad”. Porque ocurre que la impunidad, así como la ilegalidad y la violencia, forman parte de la esencia del poder político contemporáneo.

¿Será que la sociedad también es quien quiere o mantiene la impunidad en el país?

El fenómeno cubre ciertamente la realidad social, y en esta realidad social hay poderes que someten y sectores sometidos. El poder que somete no debe de responder por sus actos. El poder que somete, no debe de someterse a la ley. Ese poder que somete es el poder de los poderosos que se amamanta en la impunidad porque no hay ley que lo controle ni Estado que delimite sus funciones.

Cuando el débil comience a enfrentarse a esa impunidad, aunque no todas las peleas se ganen; pero será una buena pelea. La superación de la impunidad pasa por la ley, pero su corazón se expresa en una lucha política, de organización de movilización porque esa es la lucha con el poder real que no responde.

¿Considera adecuado buscar que estos casos no queden impunes para el país?

Es absolutamente necesario, porque ninguna de esas heridas está cerrada. Todas estas heridas inferidas están abiertas a la espera de una solución.

Aquí hay el enfrentamiento entre la historia y la memoria. Porque la historia se convierte en historia oficial, pero la memoria jamás será una memoria oficial. Aquí hablamos de periodistas holandeses. De familias holandesas. De gobiernos holandeses y también hablamos de derechos humanos.

¿Cómo trasladar la historia y la memoria a las nuevas generaciones?

Siempre hay varias historias, porque la historia la hacen los pueblos; pero los pueblos no hacen las circunstancias en las cuales se hace dicha historia. El problema es que la historia no la escriben los pueblos, sino otro poder.

¿Ve, Dagoberto, al país libre de impunidad?

Yo lo veo libre de opresión, explotación, ignorancia, analfabetismo. A la gente construyendo su propio poder y defendiéndose. Construyendo una vida digna y pasa por superar la impunidad. Pero también pasa por superar la explotación, la opresión y el predominio de los intereses de los fuertes contra los débiles. Pasa por democratizar a la democracia.

En ese escenario y solo en ese escenario se puede superar la impunidad.

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